Por: Javier Suqui
A las cuatro de la mañana, cuando en Tena aún duerme, decenas de ciudadanos ya están en camino. Van tras un turno que en su provincia no existe.
El destino es Puyo, donde opera Transcomunidad EP Pastaza. Desde antes del amanecer, se forman filas con personas que vienen de Macas, Tena y hasta de Ambato, todas con el mismo objetivo: cumplir con la revisión técnica vehicular (RTV).
La escena es diaria. A las 06h00 ya hay cola. Entre café y papeles, la incertidumbre pesa: alcanzar un turno depende de la hora de llegada.
A las 07h30 se abren las puertas. El guardia permite el ingreso ordenado mientras los servidores públicos encienden equipos y preparan el sistema. A las 08h00 en punto, el proceso arranca. Y entonces todo fluye.
La organización sorprende. No es una queja, es casi un reconocimiento. Los usuarios coinciden en que el servicio en Pastaza ha crecido. Desde el personal de limpieza, que orienta con precisión a los recién llegados, hasta las cajeras, ágiles en el cobro, el sistema funciona con una eficiencia que contrasta con la ausencia del servicio en Napo.

El trámite incluye varios rubros: impuesto al rodaje para el Municipio de Pastaza ($6,69), mantenimiento vial para el Gobierno Provincial de Pastaza ($12,59), RTV ($28), adhesivo ($6) y tasas menores a un dólar, todo puede pagarse en el lugar.
Pero no todo es ágil. Antes de viajar, se debe verificar multas en la Agencia Nacional de Tránsito. Si no se reflejan en el sistema, el proceso se frena. Un usuario asegura haber pagado hace más de un mes sin que aún conste.
Así, entre madrugones, filas y trámites, los napenses enfrentan una realidad que los obliga a salir de su provincia para cumplir con una obligación básica. No es solo un viaje. Es una rutina impuesta por la falta de servicios.